martes 21 de agosto de 2007

Solidaridad oportuna

El domingo por la tarde estaba en una reunión en una Casa que se había convertido en centro de recolección de víveres y demás objetos que pudieran servir de ayuda para las víctimas de la terrible catástrofe que sufrieron los hermanos de Ica, Lima y otros departamentos del centro de Perú, me sorprendió la cantidad de cosas que en tan poco tiempo se había podido reunir con una silenciosa promoción (además de que muchas instituciones estaban organizando colectas semejantes); pero hubo también otra cosa que me llamo la atención fue que, y escribo lo siguiente arriesgándome a guiarme por las apariencias, la gente que donaba dichos objetos era de una posición económica bastante acomodada.
Como siempre es de esperarse que una cantidad importante de personas con la mencionada apariencia, menosprecien a las personas que se encuentran en situaciones económicas mucho menos ventajosas que en las que se ubican ellas, me pregunto si ¿es necesaria tremenda tragedia para que los seres humanos puedan conmoverse y donar algo para los que están necesitados?
Ojalá aprendamos que muchas veces los más necesitados somos nosotros mismos, pues llegamos nunca llegamos a disfrutar de las cosas que tenemos (en mi caso la ingente cantidad de libros que adquiero pero que por falta de tiempo no he llegado a leer) mientras que aquellos que menos poseen saben disfrutar muchísimo más de lo poco que tienen. En este caso la manta que quizás nunca usamos o la ropa que ya no queremos lucirla más, ayuda a que aquellas víctimas de este terremoto aplaquen las carencias que el seísmo les ha dejado, ya lo dijo Aristóteles: La riqueza consiste mucho más en el disfrute que en la posesión.
Es una lástima que solo en momentos de tanta desesperación, los corazones de muchos se conviertan en caritativos, ojalá sepamos que las necesidades siempre existen (no solo materiales) en otras personas y no solo en estos eventos.