Dentro de toda la tragedia que ha sido este terremoto, no faltaron las críticas (con sonido de clamor) que la asistencia a los damnificados por el seísmo del 15 de agosto, era más que insuficiente, ante esto el Presidente García dijo "que no se quejaran", aquellos que no hayan ido a los centros de distribución de víveres y demás ayuda; ¡vaya soberbia! como si las víctimas no fueran por puro capricho, quizás tienen que velar a sus muertos, cuidar lo poco que les queda, sanar a sus heridos. El presidente con tono altanero y justificándose diciendo que el Estado no podía cubrir las necesidades de los damnificados casa por casa, insulta de semejante manera a aquellos que lo han perdido todo. Vanidad de vanidades; todo es vanidad.
Alan García busca mostrarse ante las cámaras como el presidente de las contigencias, aquel que responde inmediatamente a cualquier eventualidad, si bien es cierto, da la impresión de que se movilizó mucho más rápido de lo que hizo el ex-presidente Toledo con el terremoto de 2001 en Arequipa y Moquegua, también queda el sabor de que busca más pantalla que dar ayuda; y no permite ningún tipo de críticas cuando se trata de su manejo de la contingencia presente.
Semejante actitud tuvo con un periodista español cuando trató el tema, pues le respondió que una tragedia que duró dos minutos, fue peor que la guerra civil española, que fueron meses de masacres inenarrables.
Como siempre es fácil señalar el peor defecto de Alan García, su gran vanidad.
martes 21 de agosto de 2007
Solidaridad con Vanidad
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